
Al doblar la esquina, justo en el momento en el que no importa ni el cuándo ni el por qué. En el momento en que mis medias granate se ven de color gris, cuando mis manos ya no diferencian el frío del calor, cuando huelo el sonido de los colores perdidos. La estación más fría la paso sin abrigo. Qué importa el frío de fuera cuando congela más el de dentro, y aún así, no tengo el corazón de hielo. Pero cuántas horas me pasaría suplicando poder tenerlo.